Revista OHLALÁ! – ¿Cómo es el masaje lingam, ritual que centra en la estimulación del pene, y qué beneficios posee?


No todas las partes de tu cuerpo se sienten igual cuando las tocás o cuando son tocadas por otras personas. Esto pasa también con los genitales, independientemente del género de la persona que los reciba. Algunos lugares pueden ser extremadamente placenteros, otros sensibles, mientras que otros pueden sentirse entumecidos, o hasta dolorosos.
Particularmente siempre me interesó la estimulación de todas las zonas del cuerpo y el no concentrarme en los genitales como la única zona erógena, pero en este caso cuando escuché hablar del masaje lingam, palabra sánscrita para denominar al pene, me pareció interesante porque la búsqueda no estaba relacionada directamente con llegar al orgasmo y dar placer como cuando uno o una realiza una masturbación, sino que había una toma de conciencia y una búsqueda que iba mucho más allá.
Según especialistas como Ale Karasik de Sexsualidad & Omaticas, tocando y siendo tocado con conciencia comienza el proceso de afirmación del cuerpo. El compromiso profundo de conexión con los genitales es una puerta de entrada para vivir más plenamente y claramente todo eso fue lo que me sedujo para adentrarme y practicarlo.
El masaje lingam es un masaje para personas con pene, un ritual que se centra en el pene, los testículos, el perineo, el músculo pubococcígeo, el suelo pélvico, el ano y el coxis. Entre sus beneficios está el de ayudar a controlar la eyaculación precoz, la impotencia, la disfunción eréctil, insensibilidad genital, hipersensibilidad, miedos e inseguridades además de potencialmente dar placer. El objetivo del masaje no es llegar al orgasmo, sino despertar la energía sexual que todos tenemos: la energía kundalini.

Mi experiencia dando un masaje Lingam

Son las 12 de un domingo a puro sol, viajo a encontrarme con mi compañero de la formación tántrica para practicar el masaje lingam, que fue lo último que nos enseñaron. Entro a un PH antiguo en el barrio de Villa Crespo, la puerta principal estaba abierta, subo por unas escaleras muy iluminadas hasta llegar a un descaso, donde reposan varias zapatillas. Dejo las mías y subo más liviana. Se siente el aroma a palo santo y una música con sonidos de la naturaleza. Ale, el compa de más de 1.90 de alto con su pelo rubio y lleno de rulos, me espera en la parte más alta de la escalera con un té en la mano.
Él no es uno más del grupo, su porte y su forma de vestir con muchos colores que a primera vista no combinan pero que a él le sientan muy bien llama la atención. Además, es uno de los pocos que ya se dedica a las terapias alternativas de la sexualidad. Él es especialista en Sexological Bodywork™, o Sexología Corporal, una modalidad de educación a través del cuerpo y la consciencia.
Su living es un gran salón con pisos de madera, muy luminoso, con techos altos y paredes blancas, una de ellas empapelada con un bosque verde lleno de árboles que invitan a sentirte en contacto con la naturaleza al menos por un momento. En el centro del salón Ale dispuso dos colchonetas con unas mantas, incienso, un plato con frutas y un gran frasco de aceite de coco.
Me lavo las manos y me pongo cómoda con una blusa larga de algodón, mientras él se saca su ropa y se recuesta en las colchonetas mientras espera para disfrutar de un masaje.
Me pongo frente a sus pies, unto mis manos en aceite y las coloco suavemente sobre sus talones, dándole una señal al cuerpo de que estaba yo ahí, observo su cuerpo como a un templo sagrado con mucha historia. Le agradezco por abrirse a mí y, durante más de dos horas, lo recorro con mis manos y antebrazos repletos de aceite de coco, haciendo una danza desde sus pies hasta su cabeza por delante y por detrás. La sensación es como estar pintando una hoja sabiendo que ninguna parte de ella puede quedar sin color. El aceite de coco son las témperas y mis manos los pinceles, él se retuerce de placer cuando recorro su espalda y su cuello, su piel se eriza y, por diversos momentos la respiración, que debe estar presente durante todo el ejercicio, se hace más intensa hasta llegar a suspirar y gemir.
Es inspirador cuando Ale puede ir expresándome lo que le gusta y cómo quiere ser tocado, porque me permite conocerlo más en sus mapas del placer y me de más confianza a la hora de proponer los toques.
En un momento, me pongo los guantes de látex , unto mis manos con un poco más de aceite un poco y me dispongo a concentrarme en la práctica del masaje lingam. Comienzo activando la zona interna de las piernas cercanas a la ingle con las palmas de las manos, con movimientos de desplazamiento en círculos livianos y rápidos, para así relajar y activar la irrigación en la zona genital. Luego me muevo hacia el suelo pélvico, la región entre al ano y los testículos, y hago suave y profundos movimientos de molinete con mis pulgares, recorriendo toda la inserción del pene en el cuerpo.
Continúo recorriendo la línea media del escroto y estirando sus pielcitas, que se sienten frágiles y sensibles, pero que pueden ser una gran fuente de placer al ser estiradas. Así lo expresa Ale con su cuerpo. Al llegar al pene, me maravillo del sinfín de modalidades de toque, que exceden mi imaginación y mi idea de todo lo que un pene es capaz de recibir. Investigamos con movimientos del pene en 360 grados, deslizamientos, estiramientos, tirabuzones. Fui desplegando un tipo de toque y presión para cada región del pene, que provocaron en Ale un tipo de placer distintivo y único.

¿Dónde aprender en Buenos Aires?

  • El 28 de abril Alejandro Karasik dicta un workshop abierto a toda persona interesada en investigar esta práctica. Podés asistir solo, sola o en pareja y el 25 de mayo se da el masaje yoni (vulva). El taller se da en el marco de las Erotique Talks en la boutique Erotique Pink. Más info sección talleres de erotiquepink.com sección talleres. Más info sobre Alejandro en @seksualidadysomatikas o en esta web: www.sexualityandsomatics.club
  • En Masajes para el alma podés estar atento porque siempre ofrecen sesiones. Más info: Masajes para el alma

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