SEX Toy Story

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La revista Forbes Argentina publicó una nota sobre el consumo de sex toys y el auge de las boutiques eróticas. Podés leer la nota completa en la edición de marzo de la revis, pero acá te compartimos lo más importante.

Según la consultora IFD Social Media, siete de cada diez argentinos están interesados en utilizar juguetes eróticos, léase aceites, geles lubricantes, lencería, disfraces y vibradores. El 69,4% de los encuestados (mujeres y hombres) se mostraron interesados en usar sex toys, mientras que un 45,6% reconoció haberlos usado y otro 23,8% dijo que “le interesaría mucho probar”, pero que todavía no lo hizo “por vergüenza a la hora de comprar” o “por temor a incomodar” a su pareja. El relevamiento también segmentó los resultados por género y edad, arrojando que, sobre el total de los interesados, el 44,2% corresponde a mujeres y el 25,2% a hombres, siendo la franja etaria de entre 25 y 55 años la que mostró mayor conocimiento e inquietudes sobre el tema.

Los juguetes sexuales fueron ganando atención a medida que el público fue volviéndose más osado. Desde la revolución sexual de los 60 hasta hoy, la creciente conciencia sobre los espacios lúdicos y sexuales fue tal que los juguetes terminaron ayudando a que el mercado se expanda y desarrolle.

Los sex shops fueron víctimas de estigmas que tuvieron que sobrepasar. En ese sentido, canales modernos como el online y el mencionado acceso en las farmacias están teniendo mayor penetración que las vías tradicionales. Eso acerca los productos al mercado y los conecta con los consumidores por medio de un canal masivo. “Se vende mucho online, todavía hay gente que no se anima a ir a las tiendas”, suma Francesca Gnecchi, de Erotique Pink, la primera boutique erótica femenina de Argentina, que fundó con una inversión inicial de $ 100.000 en 2017 y en 2018 tuvo ventas anuales por $ 500.000.

Flavia Luna, responsable del área mayorista de Buttman, importador de las mejores marcas de juguetes sexuales del mundo y uno de los grandes jugadores locales, apunta: “Los sex shops dejaron de ser cuevas porque el sexo dejó de ser tabú, y la gente va entendiendo que el sexo no es solo reproductivo o morboso. Las personas quieren sentirse cómodas en una tienda normal”.

Así y todo, salvo excepciones, en Argentina, el grueso de la cultura de los sex shops sigue relegada a las galerías comerciales. Pero la tendencia mundial es ir hacia los juguetes y a la educación, y las boutiques eróticas irrumpieron para ayudar a explorar la sexualidad y dar información. “Salimos del juguete que compra el hombre para que use la mujer”, sacude Gnecchi. A nivel global, estas tiendas comenzaron como nichos y se convirtieron en negocios millonarios. “Se empiezan a ver tiendas eróticas en los shoppings; yo vi algunas en España”, agrega la fundadora de Erotique Pink. “El cliente requiere mucho asesoramiento”, cuenta Gnecchi. Para eso, complementa la experiencia con una plataforma de contenidos y venta online: durante 2018, la web tuvo unas 70.000 visitas.

Así como el consumo creció de la mano de las mujeres, ¿podrán ser ellas las que lideren el aumento de la oferta en Argentina? “Creo que faltan emprendedoras que fabriquen juguetes sexuales”, desafía Gnecchi. Y concluye: “Sigue siendo un tabú”.

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