La Tercera – Las mujeres podemos tener etapas sin deseo y eso no está mal

¿Es la falta de deseo una disfunción sexual? ¿Es real que las mujeres no deseamos o deseamos mucho menos que los hombres? Y si fuese así, ¿cuáles son las razones? No sentir deseo sexual se suele plantear como un problema, pero según Francesca Gnecchi, periodista diplomada en sexualidad, sería interesante preguntarse para quién es un problema. Responde estas preguntas en su libro El camino del sexo (Ediciones B), donde hace un recorrido por las causas físicas, emocionales y culturales que derivan en la patologización de la ausencia del deseo sexual en la mujer.

“Cuando se revisan las principales consultas sexológicas, en el caso de los hombres suelen ser por dificultad en las erecciones o eyaculación precoz, sin embargo, en las mujeres el principal motivo de consulta es la falta de deseo. Se ha tendido a patologizar la falta de deseo femenino, pero la mayoría de las veces esto no tiene que ver con un problema físico; falta mucho conocimiento sobre cómo funciona el deseo en la mujer”, dice. Cuenta además que para su libro tomó en cuenta los datos de una investigación sobre el deseo realizada por el psicólogo malagueño Francisco Cabello, quien encuestó a más de 22.000 mujeres de habla hispana pertenecientes a 71 países de los cinco continentes. En ese estudio Cabello plantea que comparó datos que hablan de unos niveles muy altos de falta de deseo sexual en la mujer, incluso menciona un trabajo sueco que habla de hasta un 80%, aunque la media, cuando se revisan los trabajos publicados, siempre la sitúa entre el 20 y el 40%.

La idea del estudio fue determinar qué mujeres tienen realmente falta de deseo porque, aunque quieran a su pareja, les produce aversión el sexo; y una cuestión distinta, que conlleva una estrategia terapéutica diferente, es la de aquellas mujeres que no se llevan bien con su pareja, no se comunican o no son bien tratadas y eso produce un rechazo. El primer dato importante es que, solo un 10,27% de las mujeres entrevistadas, tienen deseo sexual hipoactivo, es decir, poca motivación hacia las relaciones eróticas, ausencia de pensamientos o fantasías sexuales, o muy poca frecuencia de éstas. La falta de deseo puede deberse a cuestiones psicológicas o físicas y la mayoría tiene que ver con el primer ámbito.

Descartando que se trate de algo físico –hormonal, medicamentos, etc.–, ¿cuáles son las principales causantes de la falta de deseo femenino?

Las causas de la falta de deseo son psicológicas: El estrés, la autoestima, la educación tradicional que recibimos, la masturbación como un tabú, los factores de pareja, el desconocimiento. Tampoco nos enseñaron que el deseo se da por etapas, uno puede tener etapas donde no desea y ¿eso es un problema? Creo que no. La educación y lo poco que sabemos de sexualidad hacen que nosotras sin conocimiento pensemos que tenemos falta de deseo y que es un problema nuestro, pero que en una etapa de tu vida no sientas deseo no significa que seas una persona con bajo deseo. Puede haber alguna etapa en la que tenga puesta la libido en escribir un libro o en que nació mi hijo, o en mi profesión y no en la cuestión sexual.

Pero cuando estamos en pareja podría ser un problema que ambos no sintamos el mismo deseo.

Creo que más que la “cantidad de deseo” que puede sentir cada uno en la pareja, es importante entender cómo funciona el deseo. Existe el deseo reactivo y el espontáneo. Las personas con pene, no todas pero en líneas generales, tienen un deseo más espontáneo, que es por ejemplo cuando están sentadas viendo una película y algo automáticamente activa el deseo. En cambio, a las personas con vulva les pasa mucho que el deseo no es espontáneo, no viene de la nada, si no que hay que buscarlo un poco más. Para eso es importante conocer los activadores del deseo –que son personales, para una puede ser una caricia, un beso en las zonas erógenas, y para otra una película–, entonces si una pareja está, por ejemplo, viendo televisión y algo activó el deseo en el hombre, él puede activar el deseo de ella conociendo sus activadores, para así generar un encuentro. El problema es que muchas parejas no conversan, no conocen los activadores del deseo y, lo que es peor, creen que existe cierta frecuencia ideal y eso genera más estrés. Debemos empezar a naturalizar que el deseo no tiene que ser una presión o un mandato, que no todo el tiempo tenemos que tener deseo.

Y así como hay activadores del deseo ¿también hay inhibidores de éste?

Por ejemplo, si estamos pasando por un momento de baja autoestima, si nos sentimos mal con nuestro cuerpo –las mujeres tenemos muchos más mandatos y estereotipos respecto de nuestro físico–, si nos sentimos o estamos estresadas, si estamos mal con la pareja, todas esas cosas inhiben el deseo. Tiene que ver con todo lo que ocurre el resto del tiempo, no solo en el momento del encuentro sexual. Muchas mujeres están cansadas con la carga del trabajo, de la casa, de la crianza, y si sienten que esa carga no se reparte de la misma manera con la pareja, eso genera insatisfacción y eso también baja el deseo. Por eso es importante no patologizar la falta de deseo sexual en las mujeres, porque terminan sintiendo que la falta de deseo es un problema solo de ellas.

Por lo tanto la pregunta ‘¿cómo activamos el deseo?’ ya no va…

Es que si para nosotras no sentir deseo no es un problema, entonces no lo es. Vivimos en una sociedad en la que existe un mandato del deseo. Tenemos que desear, cuando soplamos las velas, cuando es el fin de año; y en sexualidad pasa lo mismo. Si en realidad queremos activar nuestro deseo no hay una fórmula mágica, no valen esos tres consejos para activar el deseo que a veces encontramos en las revistas. Es mucho más complejo que eso y tiene que ver con todos los factores que hemos conversado. Es necesario conversar en pareja sobre el deseo, conocer los activadores e inhibidores de cada uno y transitar por el largo camino de conocerse y conocer al otro u otra.

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