Revista OHLALÁ! – Sexo: cuáles son las preguntas más frecuentes entre los hombres

Se va cayendo un poco la fantasía del hombre proveedor, potente, viril que tiene que sabérselas todas, el que siempre debe desear, el que si no tiene erecciones pierde su potencia, el que debe jugar el rol del “garchador”. Por suerte para ellos, porque se les está quitando una mochila muy pesada y, para nosotras también, porque empezamos a ver el lado vulnerable y sensible de los hombres, que pueden permitirse dejar de lado la estructura patriarcal y llevar adelante una sexualidad más sana y sin tantas presiones y mandatos.

Sobre esto se están abriendo espacios de debates entre amistades, familia, estudiantes que tratan de hablar y vaciar un poco la mochila de los varones. Es una manera de empezar a vivir una sexualidad más libre. Así que, hablando de abrir espacios de debates, acá está el nuestro. Me reuní con tres hombres para ver qué ven ellos como especialistas y qué como hombres que también viven estas situaciones.

Para conocer más sobre el tema entrevisté a tres especialistas, los psicólogos y sexólogos Mauricio Strugo y Federico Rinaldi y el psicólogo y filósofo Luciano Lutereau.

– En esta época de avance del feminismo y de muchos cambios en cuanto a la mujer y el goce, ¿qué pasa con los hombres en el plano sexual, qué es lo que se nota que van modificando?

Strugo: En este contexto en el que muchos hombres se encuentran revisando sus masculinidades, la sexualidad también es una temática que requiere reflexiones profundas y cambio de postura por parte de ellos, aunque los desafíe acerca de lo que se espera de ellos los confunda un poco.

Preguntas como: ¿Hasta dónde manifiestan su deseo sin presionar y respetar el del otro? O ¿cuáles son las necesidades y condiciones de la otra parte para tener un encuentro sexual? Estos interrogantes aparecen constantemente. Y estos cambios por momentos generan pasividades que en algunos casos empiezan a trocar hacia una sexualidad en la que ambos se hagan cargo de las ganas y de lo que desean para que el encuentro esté habilitado y sea disfrutado a pleno por ambas partes.

– ¿Qué pasa con el tema de la sexualidad desde lo genital y los mandatos de la necesaria potencia?

Strugo: En el compartir con ellos en diferentes ámbitos como psicólogo y sexólogo y también incluso con amigos (cuando estos tienen espacios en los que pueden sentirse habilitados a abrirse sin temor a ser lastimados) hay una gran cantidad de hombres que dejaron de ver y de sentir la sexualidad como una descarga compulsiva y obligatoria para seguir perteneciendo, renunciando a esa imposición machista de aprovechar, sin poder negarse, toda oportunidad de tener sexo, les guste o no.

Hoy muchos varones elijen cuándo quieren tener sexo y cuándo no, salieron de la creencia de la sexualidad como una necesidad para, en cambio, elegir “encuentros sexuales”. Y son sinceros acerca de sus expectativas y, también, respetando las condiciones. No importa si es para una ocasión o para una relación; e incluso son capaces de estar en relaciones estables y manifestarles a sus parejas cuando no tienen ganas, aunque eso genere frustración.

– Lutereau: El contexto más común en que la impotencia viril ocurre hoy en día es en el ámbito sexual, en la cama. Es un relato común en la consulta. Después de un encuentro (cita o  paseo, salida en sentido amplio) llega el momento de la verdad y, entonces, el varón se detiene. Algo no funciona. Eso no funciona. Sin embargo, no se trata de un deseo que se desborda y produce el efecto contrario, más bien, hay una escena que no termina de ser. Hay varones que dicen que se desconcentran y en ese punto un analista no podría dejar de preguntar qué otra cosa reclama su atención. No es raro que cuenten que están mucho más pendientes de si van a poder (o no), que de disfrutar. Dicho de otra manera, así se reconoce una primera fantasía en la causa de la impotencia: la identificación con ese ser ultra-viril que ellos deberían ser y no son. En esta fantasía, la expectativa de ser un tipo de semental cumple un papel inhibitorio. 

– ¿Qué sucede con el tema de tratar a la mujer como objeto a penetrar y el pensamiento de la necesidad de un falo para poder tener un encuentro sexual?

Según Lutereau quien resulta impotente suele hacer del cuerpo del otro un objeto a penetrar, sin reconocer los tiempos que implica entrar en otra corporalidad, dejarse envolver y, por lo tanto, saber que penetrar antes que una actividad implica más reconocerse pasivo. En el deseo, nadie penetra a nadie. Esta es la escena de potencia. En el deseo, todos somos penetrados.

Dicho de otra manera, “el garchador” declina muy rápido de semental a un consolador inerte. Así puede advertirse que la potencia encubre la impotencia, lo cual también se reconoce en este otro desdoblamiento: en varones que sufren de impotencia es común otra fantasía, la de que la destreza en el acto sexual es garantía de lazo (en criollo: que un buen polvo enamora). No es que esto no sea cierto, sino que es una fantasía fálica: ¿qué quiere una mujer (o aquella persona con quien uno se acueste)? Un buen falo. ¿Qué le hace falta a una mujer (o aquella persona con quien uno se acueste)? Un buen revolcón.

– ¿Cuál es  el rol de la pareja de la persona que no puede llegar a la erección y qué podría hacer para ayudar?

– Rinaldi: La disfunción eréctil es un problema que aqueja cada vez a más personas jóvenes. Ya no se habla de impotencia,  pero en algún punto el termino refleja a la perfección la sensación del individuo que lo padece. Desear con todas las fuerzas que “algo” suceda y que no haya respuesta es una profunda frustración, una herida narcisista. Pero en el sexo compartido,  no es sólo uno quien se frustra y quien teme. Alguien más está siendo abordado por fantasmas. Las ideas se disparan cuando no aparece lo que se imagina como posible y una catarata de emociones nubla la razón y, a veces, los tratos cordiales, cálidos y amorosos. ¿Sos vos? ¿soy yo? ¿de quién es la culpa? ¿quién se va a hacer responsable de “esto”. ¿Cómo responder siendo la/el de al lado?

Lo más probable es que la multicausalidad se apropie de los orígenes. El sistema afectivo (esa pareja) tiene la oportunidad de afrontar con resiliencia, con perpetuidad del síntoma o con quiebre. Contener, comprender, informarse y respetar son la mejores estrategias para acceder a quien padece. No hacerse cargo de lo que no corresponde, tomando una cuota de compromiso de las posibles soluciones es una alternativa que motiva al cambio.

 

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