Erotique Pink en diario Clarín

post-img

Día mundial del sexo: ¿hablamos más pero lo hacemos menos?

 

Datos curiosos, neologismos y curiosas evaluaciones sexuales sobre cómo son o cómo “deberían ser” nuestras relaciones.

Cada 6 de septiembre se celebra el Día Mundial del Sexo como una forma de homenajear a la posición conocida como “69”. En los últimos años la sexualidad humana –como práctica individual y social- se volvió un fetiche de la ciencia: cada cierto tiempo un nuevo estudio publicado en una revista de divulgación revela una nueva arista del placer. La estimulación, frecuencia y tipos de práctica se vuelven números sexys y despiertan ratones que se alimentan de estadísticas. Post liberación sexual, ¿hablamos más (de sexo), pero lo hacemos menos?

El sexo, en todos lados

En las últimas décadas agradecimos la píldora anticonceptiva y la pastilla del día después, se nos informó lo que era un orgasmo (a algunas) vaginal y clitoriano, la moral se flexibilizó y hablar de “relación prematrimonial” comenzó a sonar legendario y anacrónico. El poliamor y el sexo en tríos están a la vuelta de la esquina: son opciones posibles. A pesar de todo esto, las investigaciones sugieren que tenemos menos relaciones sexuales que hace unas décadas. Particularmente, se compara a la generación millenial con sus predecesores: un estudio de Jean Twenge afirma que los más jóvenes tienen menos encuentros sexuales que aquellos de la Generación X (1960-1984) y los del Baby Boom (1946-1965). ¿Causas? El estrés de la vida laboral, la hiperconexión, el surgimiento de aplicaciones como Happn o Tinder (que distraen la líbido y la disuelven en un chat) e el híper consumo de porno.

Según el sexólogo Walter Ghedin: “En los millennials, la influencia de las redes sociales y la hiperconectividad apura procesos que requieren sus tiempos. Los jóvenes usan la virtualidad para hacer realidad sus impulsos sexuales. Los adultos también lo hacen, pero en los adolescentes los contactos son más eróticos que amorosos; para encontrar un amor tienen otros ámbitos (colegio, clubes, diferentes grupos, boliches, etc.”

El sexo oral, en boca de todos

El orgasmo es uno de los temas más debatidos. Aunque todavía persisten mitos y desinformación, cada vez con más frecuencia se pone en evidencia la influencia de la cultura –desde los discursos religiosos o educativos hasta las codificaciones morales- ha hecho sobre la sexualidad de las mujeres a lo largo de los siglos. Una investigación publicada en Archives of Sexual Behavior afirma que el 95% de los hombres heterosexuales tienen orgasmos durante un encuentro íntimo, una diferencia sustancial con las mujeres heterosexuales, que quedan satisfechas en un 65% de las ocasiones. Por otra parte, una encuesta realizada por la consultora Oh! Panel entre 500 mujeres argentinas, reveló que solo cinco de cada diez alcanzar el orgasmo siempre que tiene relaciones sexuales.

Algo está fallando. Sin embargo, la primera encuesta mencionada presenta un giro inesperado: un 86% de las mujeres lesbianas asegura que siempre, o casi siempre, alcanzan el orgasmo. Son menos propensas que los hombres a centrarse en el coito vaginal y confían en el sexo oral para llegar al clímax. “En el encuentro íntimo el coito no es lo único importante, sin embargo el 90% de las relaciones terminan con la penetración, dejando de lado la masturbación, el sexo oral, la estimulación de otros puntos”, comenta Francesca, directora de Erotique Pink. El sexo vaginal, apto para la reproducción, no es imprescindible a la hora del placer.

Según un estudio de la Universidad de Indiana divulgado recientemente, las mujeres dependen de la estimulación del clítoris para alcanzar el clímax. Un 36% de las encuestadas dijo que necesitaba su estimulación para alcanzar el orgasmo durante las relaciones sexuales, y otro 36% dijo que esa estimulación mejoraba la experiencia. El resultado es contundente: sólo un 18% de las mujeres tienen orgasmos por medio de la penetración vaginal.

Para vivir más y mejor

Existe la creencia instalada de que practicar sexo es beneficioso, alarga la vida y mejora la salud. No tenerlo, por el contrario, nos avejenta, malhumora y desvitaliza, y la ciencia se ocupa de fundamentarlo desde muchos puntos de vista. El último hallazgo clave fue la neurogénesis: investigadores de la Universidad de Maryland comprobaron que tener sexo frecuente ayuda a regenerar las neuronas. Según otro informe de Universidad de California el sexo también es una de las variables de la longevidad: el estudio, publicado en la revista científica Psychoneuroendocrinology, asocia la frecuencia alta a un cambio positivo en las estructuras cromosómicas de las células.

  • entre 18 y 29 años: 112 veces al año, unas 2,4 veces por semana
  • de 30 a 39 años: 86 veces al año; 1,6 veces por semana
  • de 40 a 49 años: 69 veces al año, 1,3 por semana.

Por otro lado, según la Encuesta Nacional Americana sobre Comportamiento Sexual, la frecuencia sexual en los matrimonios entre 30 y 50 años es de dos veces a la semana, mientras que entre las parejas mayores de 60 años, la frecuencia promedio es una vez a la semana.

“En el consultorio la inquietud a cerca de la ‘mejor’ frecuencia de los encuentros sexuales surge cuando los deseos o las iniciativas producen frustración y enojo entre los miembros de la pareja. Sentirse presionado a tener sexo, enoja y deserotiza. A la vez sentirse rechazado duele y también enoja. Cada uno desde su circunstancia puede y debe buscar pistas para achicar ‘la brecha’ de la frecuencia”, comenta a Entremujeres la licenciada en psicología y sexóloga Patricia Safadi.

La Universidad de Florida State y la de California se propusieron hace un tiempo averiguar también cuál sería la frecuencia aconsejable para disfrutar de relaciones sexuales plenas y felices: 48 horas. ¿Cómo no sentirse presionado?

Clasificaciones

Los tipos de encuentros amorosos, cantidad de integrantes por relación sexual y la diversidad de género de los mismos abren otro mundo lingüístico de especificaciones. Algunos de los nuevos términos que permiten mencionar distintas sensaciones o preferencias son, por ejemplo, “demisexual” (que refiere a una persona que no experimenta atracción sexual a menos que forme un vínculo emocional fuerte con alguien) o “asexual” (alguien que experimenta bajo o nulo interés en la actividad sexual).

Si bien prácticamente todo lo que practiquemos puede estar en un “abecedario sexual”, la experiencia real es inaccesible. Y ante tanta exposición, estereotipos e hípersexualización de cuerpos, hasta cabe preguntarse si la vanguardia es la asexualidad o la híper. O algo en el medio.

Nota publicada en clarin.com

Leave a reply

Message

Name