Revista OHLALÁ! – En primera persona: “Tuve mi primera experiencia con una mujer”

Después de haber estado veinte años en pareja –con quien fue mi único hombre y mi compañero de vida–, me separé a mis 38 años.

Cuando empezamos la relación, los dos éramos muy jóvenes y la verdad es que nunca nos preguntamos si íbamos a ser una pareja monogámica o incluso qué era para nosotros la fidelidad. Ni siquiera hablamos del tema y le dimos para adelante. Pero con los años empecé a pensar en si la forma de pareja que había elegido a los 18 seguía siendo lo que elegía ahora a mis treinti.

Nos fuimos a vivir juntos cuando yo tenía 25 y la convivencia no fue lo que esperaba. Pero seguí, por muchos años más, pero planteando la posibilidad de vivir en casas separadas. Para él, la idea era “una locura”, así que la convivencia poco a poco fue desgastando nuestra relación y para mis 30 –y habiendo pasado tantos años con una sola persona– ya tenía ganas de explorar un poco más mi vida sexual.

NUEVAS LIBERTADES, NUEVAS BÚSQUEDAS

Los primeros meses fueron una explosión, una especie de “despertar” a miles de posibilidades. Tenía ganas de salir todos los días, no importaba si era fin de semana o un miércoles cualquiera. Siempre había un plan; aparecían cenas, bares, boliches y fiestas, de día y también de noche.

En esas salidas me dejaba llevar solo por lo que quería en ese momento; ya no sentía esa sensación de culpa si estaba hablando con alguien o si tenía ganas de avanzar hacia algo más. Era yo sola y mis decisiones sabiendo que nadie me esperaba en casa y que no iba a tener que dar explicaciones por nada de lo que hiciera. Eso me aliviaba, me daba libertad. Hacía tiempo que ya venía cuestionándome muchos mandatos: la maternidad, el casamiento, la convivencia, la monogamia, y todo eso fue decantando en mi elección de estar sola para seguir abriendo mi camino y mis búsquedas sin pensar en el qué dirán, así que salía sin esa mochila y dejaba que mi cuerpo fluyera sin que pasara todo eso por mi mente.

DEL JUEGO INOCENTE AL CHAPE

Una noche cualquiera, estaba en una fiesta que suelo hacer en mi boutique erótica y cuando los invitados se fueron, solo quedamos unas veinte personas, que éramos el grupito de amigos del palo de la fotografía, el arte y la música.

Mientras uno de los fotógrafos estaba entusiasmado sacándonos fotos eróticas, salió de la nada jugar a darnos “piquitos”. Sí, muy de la adolescencia, pero a los treintilargos. Piquito va, piquito viene, algunos se copaban con la persona que les había tocado y el beso se convertía directamente en un chape. A mí el juego me copaba, los piquitos iban y venían, mujeres con mujeres, mujeres con hombres, hombres con hombres, y en un momento me doy uno con una chica, que estuvo acompañado de un abrazo largo. Quedó ahí. Al rato, lo repetimos, pero esta vez pasó de “pico” a chape largo.

La fiesta siguió un rato más y volvimos a buscarnos en medio de la madrugada para chapar y no fue solo una vez, sino varias. La noche siguió y las miradas entre nosotras iban y venían. Como a las 4 a. m. comenzaron a irse todos y ella se quedó para ayudarme a ordenar un poco el lugar y después me preguntó si podía quedarse a dormir en mi casa porque no quería manejar hasta la suya. Como vivo literalmente arriba de mi boutique y a ella ya la conocía de otras actividades que compartíamos, hice lo que sentía. Me daban ganas de seguir estando con ella; me gustaban sus besos y sus abrazos, así que me dejé llevar por lo que me estaba pasando en ese momento. Y nos fuimos a mi casa.

¿QUÉ SENTÍ EN LA EXPERIENCIA?

Cuando llegamos a mi casa, nos tiramos muertas de cansancio en la cama. Hablamos un rato de cualquier cosa, nos sacamos la ropa y nos metimos debajo de las sábanas para seguir de charla.

Nos acercamos y nos besamos. Eran los mismos besos y abrazos de la fiesta, pero ya estábamos solas, más tranquilas, más cómodas, con menos ropa. Su piel era la más suave que jamás había tocado en la vida. Su perfume, que ya me había gustado antes, se sentía más que nunca. La forma de tocarnos, de sacarnos la ropa, de mirarnos, de besarnos con tanta suavidad y a la vez con mucha pasión, fue distinto a todo lo que había experimentado hasta el momento, tanto con mi ex como con otros hombres con los que había compartido.

Todo se sentía más natural, más fluido, me sentía más suelta, tranquila y muy conectada con el momento presente. Nos quedamos abrazadas un buen rato y nos dormimos así. Los encuentros siguieron y nuestra amistad sigue creciendo al mismo tiempo. Hoy es mi “amiga colorida” –como les dicen en Brasil–, una amiga con la que podés compartir la vida y también, cuando pinta, algo más

Sitios para ver películas eróticas

LO QUE APRENDÍ SOBRE MÍ

Más allá de la experiencia sexual en sí misma, lo más importante es lo que aprendí sobre mí misma. Siempre pensé que me atraían las personas independientemente de su género, pero no fue hasta que compartí con ella que pude realmente saber que en la práctica también me sentía así.

Hoy, cuando me preguntan si me considero hétero, bi o lesbiana, la verdad es que mi forma de ver la vida es dejándome llevar por lo que siento. Desde hace muchos años me pregunto si lo socialmente establecido va o no para mí y creo que muchas personas tienen su orientación sexual definida, pero en mi caso, pude descubrir que no es así y hoy ya no lo vivo como un peso, sino más bien como una apertura a lo que siento en cada momento de mi vida

2 claves para disfrutar

  1. 1

    Protegernos: cuando estamos con otra persona con vulva nos olvidamos de los embarazos no deseados pero no tenemos que olvidarnos de las infecciones de transmisión sexual. Hoy en día no existe un método de barrera eficaz, por lo que tenemos que fabricarlo a partir de un preservativo para pene, el cual recortamos para formar un rectángulo y luego lo colocamos sobre la o las vulvas. Si no, existe un arnés especial para poder colocar el campo de latex y evitar que se mueva durante el encuentro.

    Más info: @vulvarnes.profilaxis.

  2. 2

    Estimularnos: hay mucho porno dando vuelta, pero si hablamos de films eróticos con persepctiva de género, Erika Lust es mi preferida y en su sitio, al que podés acceder por suscripción, tiene una categoría completa dedicada al lesbianismo que es un fuego.

    Más info: @erikalustfilms.

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